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Sailadummad Gilberto
Arias
En 1968 empezamos a
notar con mayor claridad los efectos negativos de esa
ley, hecha casi a espaldas del Pueblo Kuna. Notamos que
los límites marcados por ella no eran aquellos que
nuestras comunidades habían considerado suyos desde
muchísimos años atrás; que muchas hectáreas de tierra ya
cultivadas por los abuelos, cementerios de comunidades
kunas, incluso un pueblo nuestro habían quedado fuera de
los límites que marcaba dicha Ley.
Ante eso, el Congreso
General Kuna empezó a sopesar las posibles
modificaciones que se debían introducir a la Ley 16,
para adaptarla a las exigencias de nuestro pueblo. Todos
los delegados sintieron, entonces, la necesidad de
contar con una ley propia, hecha por nosotros mismos, y
hecha a nuestra medida. Así se empezó a elaborar lo que
hoy llamamos la Ley Fundamental de la Comarca Kuna Yala,
que constituye uno de los contenidos de este libro. La
Ley Fundamental vino, pues, con intención de subsanar
los vacíos que quedaban en los articulados de la Ley 16,
sobre todo con relación a los límites de nuestro
territorio; y para dar una ubicación correcta a nuestra
autoridad máxima que es el Congreso General Kuna, que en
la Ley 16 ocupaba un puesto muy marginal. Se hizo un
enorme esfuerzo de casi 10 años de trabajo, de consulta
a las bases, de sesiones extraordinarias del Congreso
General, de talleres. Por fin el Congreso General Kuna,
en su sesión ordinaria, promulgó dicha Ley Fundamental.
Después de algunos
meses, el mismo Congreso General juzgó conveniente y muy
urgente la implementación de la Ley que acababa de
nacer. Entonces, se conformó una nueva Comisión especial
para levantar el borrador de lo que hoy es el Estatuto
de la Comarca Kuna Yala. Recordemos que también teníamos
la Carta Orgánica de la Comarca, y esta Carta Orgánica
establecía las normas internas de nuestras comunidades
kunas de la Comarca, pero hacía falta actualizarla y
hacerla más ágil para nuestro tiempo; y la integramos en
el mismo Estatuto.
Es muy importante que
nuestra cultura sea conocida y reconocida no sólo por
nuestras comunidades, sino también por las leyes
nacionales. Por eso, este Estatuto de la Comarca
constituye para nosotros una herramienta de doble uso.
Por un lado, viene a fortalecer la cultura kuna, para
que no sólo resista los embates de la historia, sino
también se incremente, se consolide y que nuestros hijos
puedan beber de sus aguas; y, por el otro lado, es
también herramienta para que la sociedad panameña
reconozca nuestros valores, en el marco de la
pluriculturalidad del Estado Panameño.
Los delegados al
Congreso General trabajaron conscientes de que sus
hijos, los más jóvenes, poco a poco se van alejando de
los valores que cultivaron los abuelos. Nos urgía, por
eso, plasmar esas normas para todos ellos. Y sirve de
instrumento de fortalecimiento de nuestra identidad. De
suyo, en la medida en que nuestros hijos se van
profesionalizando, debería también subir su aprecio
hacia los valores de nuestra historia. Pero no sucede
así. Por lo tanto, tenemos que ayudarles a que, al
menos, encuentren documentos claros que les indiquen sus
raíces.
Nuestros sailagan nos
cantan de Dad Ibe. Nos recuerdan que un día los ocho
hermanos se habían inclinado a mirarse en la
transparencia del agua, y que ahí habían descubierto que
estaban tallados de un solo tronco; pero, al mismo
tiempo, también descubrieron las artimañas de las ranas
que se hacían pasar por sus madres. Los sailagan nos
indican que, poco a poco, nuestros hijos irán desvelando
su propio rostro, y ese mismo rostro les hará inclinarse
sobre las fuentes de la historia kuna. Y ellos llegarán
a las fuentes del comportamiento de sus propios padres y
abuelos. Se darán cuenta entonces que se habían
equivocado creyendo que los batracios eran sus
progenitores, que las leyes de los batracios eran sus
leyes. Estas normas que presentamos son precisamente
para que, cuando suceda eso, nuestros hijos encuentren
entre sus manos las directrices de sus verdaderos
progenitores. Por eso hemos levantado este Estatuto de
la Comarca, para que sea como el río donde se miraron
los ocho hermanos.
El Congreso General,
autoridad máxima de la Comarca, no puede avanzar sin una
sólida estructura, sin una columna vertebral fuerte, y
esas normas son las que las constituyen y le dan cuerpo.
Todos juntos elaboramos y aprobamos esas normas, y todos
las vamos a cumplir.
Es verdad que todos
somos limitados. Por eso nuestras obras son también
limitadas. Sabemos que estas normas llevan nuestras
limitaciones, tal vez hasta nuestro error de visión,
pero son nuestras, las hemos hecho nosotros; y más
adelante nuestros hijos tendrán la oportunidad de
corregirlas, de ampliarlas, de actualizarlas, hasta
podrán hacer algo mejor. Este Estatuto no es sólo para
nosotros, los que vivimos hoy, sino también para que
nuestros nietos puedan cumplirlo. Y, por eso mismo, no
está escrito en piedra. Lo vamos a cumplir, aún cuando
halla artículos que no nos dejen camino libre para
intereses nuestros que hasta pueden ser muy justos.
Tratemos de seguir el
camino que nos indican estas normas. Es cierto que,
algunas veces, sus artículos no nos permitirán obtener
algo positivo para la Comarca. En este caso, el mismo
Congreso podrá intervenir para flexibilizar esas normas.
El Congreso General, por eso, está aún vivo.
Sucede como cuando
queremos construir un cayuco. Vemos un árbol frondoso y
recto, y pensamos que podremos obtener de ahí un gran
cayuco. Pero si el árbol cae por el lado que no
queremos, nos costará mucho realizar lo que pretendemos;
y el cayuco no saldrá con el tamaño que deseamos. Para
lograr un buen cayuco, y a la medida, no hay más remedio
que armarnos de paciencia. Eso lo sabemos. Y, por eso,
nos dedicamos a trabajar con paciencia y calma, y,
también, con una inversión muy alta. En estos tiempos,
nuestras comunidades, nuestras autoridades, todos
estamos viviendo tiempos de confusión, y ya se están
debilitando nuestros valores, y tenemos que buscar
soluciones, alternativas viables para hacer frente a
estos problemas. Estas normas nos sirven para el
control, para que tengamos luz y límites suficientemente
claros de comportamiento. Estas normas constituyen
nuestra bandera, y la bandera nos indica
territorialidad, y sin esas normas no podríamos hablar
de territorio kuna. Las dos cosas van unidas. Los
problemas que nos aquejan actualmente, deben tener sus
soluciones; y, en parte, estas normas las indican y las
ubican. Vienen a ayudar a nuestras comunidades a
afrontar mejor los problemas.
Nuestra historia es muy
clara en esta materia. Nuestras comunidades no han
funcionado nunca sin normas, sin directrices concretas
para protegerse, tanto de amenazas internas como
externas. Basta escuchar el relato de Ibeorgun para
percatarnos de eso. Con las normas ha venido el
progreso; sin las normas han venido el caos, la muerte,
el comportamiento animal. Por eso se levantó la Ley
Fundamental, el Estatuto y el Reglamento del Congreso
General Kuna. Son caminos para avanzar con mayor
seguridad dentro de nuestro territorio y fuera de él.
Ese ha sido nuestro pensamiento al trabajar en esas
normas kunas, y hacerlas parte de nuestra autonomía.
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